España.
Este destino en el sur de España tiene algo más que el vino jerez para embriagar los sentidos. Las líneas que componen la arquitectura centenaria de Jerez de la Frontera, donde conviven ejemplos del barroco, gótico o almohade, se suben a la cabeza hasta quedar cimentadas en la memoria.
Especialmente si el centro se recorre en una tarde despejada, cuando los rayos del sol intensifican el color arena de sus edificaciones.
Jerez era conocida por sus buenos vinos y por la gracia de sus caballos cartujanos (una raza propia criada por monjes), que, junto con el flamenco conforman la tríada de símbolos jerezanos. Por las calles puede observar los ciclistas que transitan por su carril exclusivo. Ya en el centro encontrará callejones y aceras más estrechas.
Las fachadas a los costados presumen pequeños balcones uno detrás de otro. En el camino hacia el Conjunto Monumental del Alcázar, clave arquitectónica de Jerez formada por murallas, torres y puertas que en otros tiempos sirvieron para defender la ciudad, se encuentra el Centro Andaluz de Flamenco.
Situado al interior de una antigua residencia aristócrata, el espacio acerca al arte por medio de audiovisuales. Tiene una biblioteca especializada, una fonoteca y gente experta en recomendar alguna peña, clases de baile o espectáculos.
Las callecitas serpentean y se ensanchan hasta desembocar en iglesias, antiguos palacios y pasajes peatonales donde los restaurantes invitan a tapear al fresco y las plazas a disfrutar del perfume de los naranjos. Cuando se entra a Alcázar de Jerez los turistas dejan que las paredes les hablen.
El complejo se trata del monumento más antiguo que se conserva en la ciudad y es evidente el cuidado puesto en ello: desde los impecables jardines y el agua clara de las fuentes, hasta los andadores para que los turistas vayan de un lado a otro.
Antigua fortaleza-palacio, fue fundada en el siglo 12 dentro de la ciudad amurallada y es parte del legado de la dinastía musulmana que reinó en el norte de África y en el sur de España.
Su mezquita fue convertida en la Capilla de Santa María tras la conquista, sin embargo, conserva sus puertas, el alminar desde el cual se llamada a la oración, el patio de la abluciones y la sala de oración.
Al salir de la mezquita observará otras partes del conjunto, entre ellas al molino de aceite que data del siglo 18, a los antiguos baños árabes y a la zona arqueológica donde, en la última intervención al espacio, los especialistas hallaron los restos arquitectónicos más antiguos de la época califal, que se calcula pertenecen al siglo 10.
El momento más fotogénico del recorrido por el Alcázar llega al subir su Torre Octogonal. Es el punto más alto del complejo y el paisaje que desde ahí se contempla devuelve al presente. Se ve gran parte de la ciudad, con sus edificaciones más modernas, las cúpulas y campanarios de las iglesias, uno que otro auto y a lo lejos, los campos verdes donde crecen las parras que al fin recuerdan: que ya va siendo hora de saborear un jerez.
El sabor del tiempo
Como muchas otras en este destino, las puertas de Bodegas Williams & Humbert están abiertas al turismo. Además de develar los procesos de producción y envejecimiento del vino, ofrece exhibiciones ecuestres todo el año.
La casa se dedica a la producción de jerez y brandy desde 1877. Su jerez se utiliza para envinar las barricas donde se añeja el whisky The Macallan: el vino jerezano impregna la madera de la que el destilado escocés toma color, aroma y sabor.
Este destino en el sur de España tiene algo más que el vino jerez para embriagar los sentidos. Las líneas que componen la arquitectura centenaria de Jerez de la Frontera, donde conviven ejemplos del barroco, gótico o almohade, se suben a la cabeza hasta quedar cimentadas en la memoria.
Especialmente si el centro se recorre en una tarde despejada, cuando los rayos del sol intensifican el color arena de sus edificaciones.
Jerez era conocida por sus buenos vinos y por la gracia de sus caballos cartujanos (una raza propia criada por monjes), que, junto con el flamenco conforman la tríada de símbolos jerezanos. Por las calles puede observar los ciclistas que transitan por su carril exclusivo. Ya en el centro encontrará callejones y aceras más estrechas.
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Las fachadas a los costados presumen pequeños balcones uno detrás de otro. En el camino hacia el Conjunto Monumental del Alcázar, clave arquitectónica de Jerez formada por murallas, torres y puertas que en otros tiempos sirvieron para defender la ciudad, se encuentra el Centro Andaluz de Flamenco.
Situado al interior de una antigua residencia aristócrata, el espacio acerca al arte por medio de audiovisuales. Tiene una biblioteca especializada, una fonoteca y gente experta en recomendar alguna peña, clases de baile o espectáculos.
Las callecitas serpentean y se ensanchan hasta desembocar en iglesias, antiguos palacios y pasajes peatonales donde los restaurantes invitan a tapear al fresco y las plazas a disfrutar del perfume de los naranjos. Cuando se entra a Alcázar de Jerez los turistas dejan que las paredes les hablen.
El complejo se trata del monumento más antiguo que se conserva en la ciudad y es evidente el cuidado puesto en ello: desde los impecables jardines y el agua clara de las fuentes, hasta los andadores para que los turistas vayan de un lado a otro.
Antigua fortaleza-palacio, fue fundada en el siglo 12 dentro de la ciudad amurallada y es parte del legado de la dinastía musulmana que reinó en el norte de África y en el sur de España.
Su mezquita fue convertida en la Capilla de Santa María tras la conquista, sin embargo, conserva sus puertas, el alminar desde el cual se llamada a la oración, el patio de la abluciones y la sala de oración.
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Al salir de la mezquita observará otras partes del conjunto, entre ellas al molino de aceite que data del siglo 18, a los antiguos baños árabes y a la zona arqueológica donde, en la última intervención al espacio, los especialistas hallaron los restos arquitectónicos más antiguos de la época califal, que se calcula pertenecen al siglo 10.
El momento más fotogénico del recorrido por el Alcázar llega al subir su Torre Octogonal. Es el punto más alto del complejo y el paisaje que desde ahí se contempla devuelve al presente. Se ve gran parte de la ciudad, con sus edificaciones más modernas, las cúpulas y campanarios de las iglesias, uno que otro auto y a lo lejos, los campos verdes donde crecen las parras que al fin recuerdan: que ya va siendo hora de saborear un jerez.
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Como muchas otras en este destino, las puertas de Bodegas Williams & Humbert están abiertas al turismo. Además de develar los procesos de producción y envejecimiento del vino, ofrece exhibiciones ecuestres todo el año.
La casa se dedica a la producción de jerez y brandy desde 1877. Su jerez se utiliza para envinar las barricas donde se añeja el whisky The Macallan: el vino jerezano impregna la madera de la que el destilado escocés toma color, aroma y sabor.