La transformación de la educación universitaria no depende únicamente de nuevas plataformas, herramientas digitales o sistemas de inteligencia artificial. También requiere comprender las capacidades humanas que necesitan los docentes para enseñar, comunicarse y acompañar a sus estudiantes en entornos cada vez más virtuales. Esa es precisamente la línea que exploró el académico hondureño Jorge Raúl Maradiaga Chirinos en una investigación doctoral desarrollada en España.
Maradiaga, estudiante del Programa de Doctorado en Ciencia de los Datos de la Universidad Loyola, defendió su tesis con mención internacional titulada "Análisis comparativo del desarrollo de habilidades para la vida en docentes universitarios de universidades en entornos virtuales: un enfoque cuantitativo desde el Enfoque de Capacidades en Asia y Europa", con la que obtuvo la calificación de sobresaliente Cum Laude. La defensa se realizó en septiembre de 2026 y estuvo dirigida por los doctores Francisco de Asís Fernández Navarro y Pilar Gómez del Rey, con Juan Manuel Arjona Fuentes como tutor.
El estudio parte de una pregunta que cobra especial relevancia después de la expansión de la educación virtual: ¿qué necesita realmente un profesor para desarrollar una enseñanza universitaria de calidad en un entorno digital? En lugar de limitarse a las competencias tecnológicas, la investigación analiza las llamadas habilidades para la vida desde el Enfoque de Capacidades de Martha Nussbaum, un marco que pone atención en aspectos como la dignidad, la autonomía, el bienestar y las oportunidades reales de participación de las personas.
A partir de esta perspectiva, Maradiaga estudió 13 dimensiones relacionadas con el desarrollo humano, entre ellas la razón práctica, las relaciones interpersonales, las emociones, la salud, la creatividad, la conciencia ambiental y la accesibilidad y usabilidad digital. La investigación busca determinar cómo estas capacidades se manifiestan en la enseñanza online y hasta qué punto están condicionadas por factores culturales e institucionales.
Para encontrar respuestas, el trabajo utilizó un diseño cuantitativo, transversal y comparativo dividido en dos estudios. El primero contó con 187 docentes de una universidad en China, mientras que el segundo incorporó a 138 profesores de Pakistán, Portugal, España y Reino Unido. En ambos casos se aplicó el mismo instrumento de evaluación, lo que permitió comparar el desarrollo de las capacidades estudiadas en contextos culturales diferentes.
La investigación también incorporó herramientas estadísticas y de ciencia de datos para examinar los resultados. Entre ellas se encuentran el análisis factorial confirmatorio, la prueba no paramétrica de Friedman con comparaciones post hoc de Nemenyi y el algoritmo Apriori para identificar reglas de asociación. Con esta combinación metodológica, el estudio buscó establecer relaciones entre las distintas capacidades y detectar patrones en los grupos analizados.
Uno de los hallazgos es que las habilidades para la vida no se desarrollan de manera uniforme en la enseñanza universitaria online. En el caso de China, por ejemplo, dimensiones como la razón práctica, la afiliación social, las emociones y la accesibilidad digital mostraron una mayor implantación, mientras que otras relacionadas con las habilidades interpersonales, la conciencia ambiental, la salud y la creatividad presentaron un desarrollo menor. El análisis comparativo también identificó diferencias significativas entre países.
Estos resultados refuerzan una idea central de la investigación: contar con conocimientos tecnológicos no es suficiente para garantizar una buena experiencia educativa digital. Las condiciones culturales, institucionales y pedagógicas también influyen en capacidades esenciales para la docencia, como la comunicación, la colaboración, la empatía, el razonamiento crítico y el bienestar. De esta manera, el trabajo plantea una visión de la educación online que coloca a las personas, y no únicamente a las herramientas, en el centro del proceso.
Otra de las aportaciones del estudio es la validación de un instrumento que permite analizar estas dimensiones en diferentes contextos culturales. La herramienta podría servir como referencia para identificar fortalezas y necesidades de formación entre docentes universitarios que trabajan en ambientes digitales y contribuir al diseño de programas académicos, estrategias de capacitación y políticas educativas más adaptadas a las realidades de cada país.
La investigación forma parte además del proyecto "Identificación y difusión de buenas prácticas educativas en el marco de la educación para el desarrollo sostenible en Andalucía a través del enfoque de capacidades", financiado por la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo y desarrollado en el marco del Instituto de Investigación en Desarrollo de la Universidad Loyola y la Fundación ETEA. El trabajo amplió posteriormente su dimensión internacional mediante una estancia de investigación en Latinoamérica, donde se recopilaron nuevos datos utilizando el mismo instrumento para futuras comparaciones.
La nueva investigación se suma a una trayectoria académica que ha llevado a Maradiaga a trabajar en los campos de la ingeniería informática, la inteligencia artificial, la ciencia de datos y la innovación educativa. Es ingeniero en Ciencias de la Computación, graduado Cum Laude de la Universidad Católica de Honduras, y obtuvo una maestría en Investigación en Ingeniería de Sistemas y Procesos Industriales, con especialización en robótica, en la Universidad de Valladolid. Actualmente desarrolla su actividad académica e investigadora en la Universidad Loyola de Andalucía y mantiene vínculos con espacios universitarios de América Latina.
Su recorrido también incluye colaboraciones con grupos de investigación de la Universidad de Granada y el Tecnológico de Monterrey, además de su participación en la Red Iberoamericana de Liderazgo y Prácticas Educativas. A lo largo de su carrera ha trabajado en investigaciones relacionadas con educación, inteligencia artificial, sostenibilidad y tecnología, y ha acompañado procesos de formación de profesionales mediante la dirección y revisión de más de 250 tesis de maestría, según su perfil académico y la información biográfica disponible.