Nuestra Constitución Política, en el Capítulo II: De los Derechos Individuales, consigna artículos que protegen a la población cuando esta desea expresar quejas y reclamos relacionados con problemáticas puntuales que afectan de diversas maneras el bienestar colectivo.
“Se garantizan las libertades de asociación y de reunión siempre que no sean contrarias al orden público y a las buenas costumbres” (artículo 78). “Toda persona tiene derecho de reunirse con otras, pacíficamente y sin armas, en manifestación pública o en asamblea transitoria, en relación con sus intereses comunes de cualquier índole, sin necesidad de aviso o permiso especial. Las reuniones al aire libre y las de carácter político podrán ser sujetas a un régimen de permiso especial con el único fin de garantizar el orden público” (artículo 79).
“Toda persona o asociación de personas tiene el derecho de presentar peticiones a las autoridades, ya sea por motivos de interés particular o general y de obtener pronta respuesta en el plazo legal”.
Las autoridades no deben recurrir a la represión sin antes haber escuchado a sus compatriotas cuando estos recurren a expresar abiertamente y sin mediar actos violentos, como forma de hacerse oír y manifestar su descontento. El uso indiscriminado de la violencia, sea esta estatal o grupal, genera una espiral de enfrentamientos que desembocan en derramamientos de sangre, mismos que deben evitarse a toda costa, tanto por razones humanitarias como políticas, al generar caos, inestabilidad, deseo de revancha, alienación, que inciden igualmente en el campo económico de manera adversa. Nuestro pueblo ha sido víctima, periódicamente, del terrorismo oficial, particular; pero no exclusivamente durante la década de los novecientos ochentas, cuando se puso en práctica, con resultados trágicos, la llamada Doctrina de Seguridad Nacional, con su cuota de asesinatos, desapariciones, torturas. Todo régimen que se perciba a sí mismo como democrático debe institucionalizar la concertación y la canalización del malestar ciudadano por medios pacíficos, buscando alcanzar consensos. Ello no implica temor, tampoco debilidad, significa sabiduría, visión de estadista, habilidad negociadora.
Los manifestantes, por su parte, deben abstenerse de actos provocadores que justifiquen la represión. Si se han infiltrados agentes gubernamentales en sus filas, deben ser detectados y denunciados. Tampoco deben recurrir a actos vandálicos que dañen la propiedad pública y privada ni a la quema de llantas que ponen en riesgo la salud individual y colectiva. Madurez, autocontrol, habilidad para tender puentes de coincidencia revelan un nivel superior de inteligencia y responsabilidad.