Para no emprender la travesía mortal

A sus veinte años, Cristian ya ostentaba dos medallas de excelencia universitaria y como profesional ha ganado, por tres años consecutivos, el premio internacional de Microsoft.

A pesar de haber vivido en el conflictivo sector de la colonia Rivera Hernández en el seno de una familia pobre, a Cristian Sánchez nunca le cruzó por su mente enrolarse en las caravanas de migrantes que salían hacia Estados Unidos en su reciente juventud. Sabiendo que su sueño estaba en Honduras, prefirió trabajar como ayudante de albañil sin doblegar su espíritu de superación. El esfuerzo dio frutos pues ya es un brillante ingeniero en informática y catedrático de Ceutec en donde estudió.

A sus veinte años, Cristian ya ostentaba dos medallas de excelencia universitaria y como profesional ha ganado, por tres años consecutivos, el premio internacional de Microsoft.

Desde que tenía doce años ayudaba a su padre en trabajos que este hacía como maestro constructor, batiendo mezcla o pegando bloques, sin descuidar sus estudios. Nunca le gustó la calle, y aunque le hubiera gustado, su padre no lo dejaba salir más que a la pulpería, pero como no podía vivir enclaustrado siempre, aprendió a vivir entre los muchachos que integraban las pandillas con quienes cruzaba saludos de respeto. En la Rivera Hernández nunca tuvo problemas por efectos de la violencia, pero sí se vio en riesgo cierta vez que llegó a la cercana colonia Felipe Zelaya a hacer tareas en casa de un compañero. Al parecer no les gustó a los pandilleros del sector verlo bien vestido, como acostumbraba, y lo sacaron a punta de pistola mientras le gritaban: “sapo, no te queremos ver aquí”. Después se dio cuenta, por vecinos de la Felipe Zelaya, que uno de los sujetos tuvo la intención de dispararle, pero no lo hizo porque le temblaba la mano.

En otra ocasión, en la que viajaba en un bus de la ruta 7 a hacer examen a la universidad, fue víctima de un asalto. Los delincuentes le arrebataron la mochila de sus libros y cuando él les rogó que le dejaran aunque fuera el cuaderno con sus apuntes de geometría, uno de los sujetos , apuntándole en la cabeza le ripostó: “te voy a matar”. En el examen le fue fatal pues llegó traumado a la universidad, no acudían a su mente las respuestas por pensar en el incidente.

Gran parte del primer año de universidad tuvo que seguir trabajando en la construcción, pero luego por su dedicación y buenas calificaciones pudo aplicar para una beca completa en la universidad. Desde ese momento dejó de laborar en la albañilería pues ya tenía también un trabajo más rentable. Ahora se felicita él mismo, por no haber tomado la fatal decisión de emigrar de su país cuando más lo abatían las dificultades, como hicieron algunos de sus amigos. Uno de ellos tuvo que regresar de México al no poder cruzar el Río Bravo y actualmente está trabajando, junto a él, en un programa auspiciado por Google en el que motivan a jóvenes a incursionar en informática. Las historias de riesgos, como el asedio de los Zetas y haber dormido en parques y aceras, las cuenta el amigo para disuadir a la juventud de emprender la cruel travesía, más ahora que existen duras leyes y políticas migratorias impuestas por Donald Trump.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias