San Pedro Sula. Durante 33 años, Eloísa Munguía ha dedicado su vida a cuidar a otras personas en el hospital Mario Rivas de esta ciudad. Como auxiliar de enfermería, ha acompañado a pacientes en momentos difíciles, procurando brindarles atención y consuelo. Sin embargo, llegó el día en que le tocó ocupar el otro lado: dejar de cuidar para convertirse en la persona que necesitaba ser cuidada.
A sus 56 años, Eloísa es sobreviviente de cáncer de tiroides y cáncer de mama. Su historia está marcada por el miedo, la incertidumbre y una profunda lucha emocional, pero también por la fe, el respaldo de su familia y la esperanza que hoy procura transmitir a otras mujeres.
Cuando recibió la noticia de que tenía cáncer de mama, el impacto fue inevitable. Aunque por su profesión estaba acostumbrada a conocer de cerca el sufrimiento de los pacientes, enfrentarse a su propio diagnóstico fue una experiencia completamente distinta.
“Una de las principales preguntas que pasan por nuestra mente es: ‘¿Voy a morir? ¿Iré a resistir?’”, recuerda.
La incertidumbre se apoderó de sus pensamientos. Como ocurre con muchas personas que reciben un diagnóstico de cáncer, tuvo que procesar una noticia que no esperaba y prepararse para un camino que cambiaría su manera de ver la vida.
Una mamografía cambió su historia
Uno de los aspectos que más destaca Eloísa de su experiencia es que no había identificado síntomas que le hicieran sospechar que tenía cáncer de mama.
Todo comenzó después de acudir a una consulta médica de dermatología. Durante esa atención, su doctora le indicó que presentaba un descontrol hormonal, situación que dio paso a nuevas evaluaciones y, posteriormente, a una mamografía.
Hasta entonces, no se había realizado ese examen y tampoco había notado manchas u otras señales visibles en sus senos.
Su historia recuerda que la ausencia de síntomas no descarta la posibilidad de una enfermedad y que los controles médicos son importantes para detectar alteraciones que no siempre pueden percibirse a simple vista.
La detección y el seguimiento deben realizarse de acuerdo con la edad, los antecedentes personales y familiares y las recomendaciones de los profesionales de salud. Ante cualquier cambio en los senos, es importante buscar atención médica.
La batalla que también se libra por dentro
El tratamiento no fue la única dificultad. Eloísa reconoce que hubo un momento en el que cayó en una profunda depresión y sintió el peso emocional de la enfermedad.
No era la primera vez que se enfrentaba al cáncer. En 2015 había atravesado un proceso por cáncer de tiroides, una experiencia a la que volvió a aferrarse cuando necesitó encontrar fuerzas para continuar.
En medio de aquel momento difícil, recordó unas palabras que había recibido anteriormente: si Dios la había ayudado a superar aquella primera experiencia, podía volver a sostenerla.
Esa convicción se convirtió en un apoyo para seguir adelante. A su fe se sumaron el acompañamiento de su familia, sus compañeros de trabajo y sus amistades, personas que estuvieron presentes mientras ella enfrentaba una de las etapas más difíciles de su vida.
“Desde el momento en que nos dan un diagnóstico, nosotros no podemos enfrentarlo solos”, expresa.
Para Eloísa, sentirse acompañada fue fundamental. Su testimonio no pretende presentar la enfermedad como una batalla que se supera únicamente con una actitud positiva, sino destacar el valor que puede tener el apoyo emocional y espiritual durante un proceso que requiere atención y tratamiento médico.
De cuidar a otros a recibir cuidados
Durante décadas, Eloísa había estado acostumbrada a brindar atención a los pacientes. Esta vez, tuvo que aceptar que necesitaba recibir el mismo cuidado que tantas veces había ofrecido.
“Sentí que estaba recibiendo lo que un día yo había dado como enfermera”, relata.
Cuando regresó a sus labores en el hospital, encontró la alegría de sus compañeros por volver a verla. Para ella, reincorporarse al trabajo fue una experiencia que le permitió reconocer cuánto significaban las personas que la rodeaban y cuánto había cambiado su manera de comprender la vida.
Después de atravesar dos procesos relacionados con el cáncer, asegura que aprendió a valorar más a su familia, sus amistades, el trabajo y el tiempo compartido con quienes quiere.
“Cambia en el sentido de aprender a valorar más la vida”, afirma.
La enfermedad también transformó su sensibilidad frente al dolor ajeno. Hoy, cuando visita el área de oncología y conversa con pacientes que acaban de recibir un diagnóstico o están en tratamiento, les cuenta que ella también estuvo en ese lugar.
Su intención es que sepan que no están solos y que es posible encontrar apoyo mientras avanzan en el proceso.
Una sobreviviente que comparte esperanza
Para Eloísa, sobrevivir significa recibir una nueva oportunidad de vida. Por eso, cada vez que encuentra a una persona que enfrenta el cáncer, procura transmitirle palabras de aliento y recordarle la importancia de apoyarse en sus seres queridos.
Su mensaje nace de su propia experiencia, pero también de su trabajo como enfermera, una profesión que durante 33 años le ha permitido conocer de cerca las preocupaciones y necesidades de los pacientes.
A las mujeres que atraviesan esta enfermedad les recomienda no perder la esperanza, buscar apoyo familiar y mantener la fe, sin dejar de cumplir las indicaciones de sus médicos.
“Yo les digo a todas las personas que están comenzando este proceso que Dios es bueno, que no decaigan, que sigan adelante”, expresa.
También reconoce que, si un familiar recibiera un diagnóstico de cáncer, procuraría brindarle el mismo respaldo que ella recibió durante su enfermedad.
Hoy, su historia adquiere un significado especial durante el mes dedicado a crear conciencia sobre el cáncer de mama. Su experiencia recuerda que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y una vida que continúa, incluso cuando el miedo parece ocuparlo todo.
Eloísa Munguía pasó de cuidar a otros a conocer la incertidumbre de una paciente. Ahora, desde su experiencia, vuelve a acompañar a quienes atraviesan esa misma realidad, con un mensaje que resume lo que aprendió durante su camino: valorar la vida, aceptar el apoyo de quienes están cerca y encontrar motivos para seguir adelante.