Sucesos
Lunes 23 de julio de 2012

Superviviente: “Nunca regresaré al mar, no quiero volverlo a ver”

12:51 am  - César Panting : 

Reinaldo Licona, uno de los supervivientes del naufragio del Ulúa dice que necesita un nuevo trabajo.

Choloma, Cortés,

Honduras

Las cuatro personas que milagrosamente sobrevivieron después de quedar a merced del mar durante tres días, cuando naufragó su lancha en las aguas entre la barra del Ulúa y Río Tinto , se recuperan poco a poco física y sicológicamente tras la traumática experiencia.

Los supervivientes de la odisea Luis Licona (50), sus hijos Reinaldo Licona (27) y Lilian (14) y una amiga de la familia, Jania Iveth Tróchez Bardales (15), salieron del hospital de Puerto Cortés el pasado sábado, aunque todavía están lejos de recuperar su mejor estado de salud o de olvidar lo cerca que estuvieron de la muerte. Tres de los sobrevivientes regresaron a la barra del Ulúa, lugar en el que viven y al que solo se puede acceder tras un largo viaje en lancha, pero Reinaldo decidió ir con su esposa y sus dos pequeños hijos, uno de cuatro años y otro de ocho meses, a recuperarse a una colonia de Choloma con familiares de la pareja.

“Nunca regresaré al mar. Después de lo que vivimos no quiero volver jamás a verlo. No sé en qué trabajaré ahora, pero no puedo regresar. Toda mi vida me he sustentado y he mantenido a mi familia con mi trabajo en el mar, pero ahora debo encontrar una nueva forma de hacerlo”, dijo el joven.Después de salir victoriosos de su enfrentamiento contra el mar, la familia comienza otra lucha, pues en el incidente la lancha, de la que dependía todo el trabajo y el sustento de los Licona, quedó destrozada en el naufragio.

“Apenas hace tres meses mi papá había comprado el motor de la lancha y lo acababa de terminar de pagar hace como una semana. La embarcación, que cuesta como 200 mil o 300 mil lempiras, quedó inservible. También se perdieron varios quintales de semilla de palma africana que se compraron ese día. Es una preocupación porque están mis hermanos, mi papá, mis hijos pequeños y es difícil que podamos recuperar todas las cosas que perdimos”.

Enfermo

Las manos agrietadas, las quemaduras en el rostro y la piel desprendiéndose de algunas partes de su cuerpo son la prueba visible de la pesadilla vivida en el mar.

El sobreviviente dio a conocer que todavía no puede consumir alimentos, pues su estómago no lo resiste, ya que tragó, al igual que los otros, mucha agua salada mientras luchaba nadando contra la furia de las olas. Por si esto fuera poco, los recuerdos del naufragio todavía atormentan a Reinaldo.

“Cuando llegó la primera noche teníamos mucho miedo, pero mi padre nos daba ánimos en todo momento. Al amanecer nos pusimos alegres porque pensamos que pronto nos rescatarían, pero no fue así. A medida que pasaba el segundo día, bajo el sol, sin comer, habiendo tragado mucha agua salada y rodeados de tiburones pensé que moriríamos. Ya estaba resignado. Ni siquiera tenía más miedo y ya había aceptado que en cualquier momento un tiburón me arrancaría un brazo o una pierna y comenzaría a comerme”, relató.

El joven manifestó que a pesar de que hubo momentos en que no creyó que saldría con vida del mar, siempre mantuvo el deseo de volver con su esposa y sus pequeños hijos.

Ana Leticia Amaya, esposa de Reinaldo, todavía se conmueve cuando piensa y cuenta la angustia sufrida mientras no sabían nada sobre su amado.

 “Solo pedía que me trajeran a mi esposo, pero con vida. El segundo día del naufragio, en la noche ya todos creían que estaban muertos y les hicieron un velatorio. Yo no quería estar ahí, así que me fui a mi casa. Cuando estaba por entrar vino mi hermanito corriendo y me dijo que los habían encontrado. Le pregunté si estaban vivos y me dijo que sí, pero que no los había visto. Yo al principio tenía mis dudas porque la gente inventó muchas veces que los habían hallado, pero esta vez era verdad. Cuando vi a Reinaldo sentí nostalgia y alegría a la vez; lo abracé. Dios lo trajo de regreso”, expresó Ana.

La familia Licona vive en una remota zona del municipio de Tela, Atlántida, donde no hay fuentes de empleo y la pobreza es el “estado natural”. Para ayudar a esta familia u ofrecerle una oportunidad de empleo se pueden comunicar al teléfono 97239205.

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Vía Pública

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