“Los hombres se quebraban, nosotras les cantábamos”: balseras
10:37 pm - Redacción: redaccion@laprensa.hnLas balseras, que están embarazadas, dieron aliento a la tripulación durante el viaje de 13 días.
Honduras
Que lleguen cubanos en balsa a las costas hondureñas no es nada nuevo; pero que entre el grupo de viajeros se encuentren dos mujeres embarazadas llama la atención. Especialmente cuando los 20 hombres que viajaban con ellas las reconocen como las heroínas del grupo.
En la balsa que arribó a Puerto Cortés, la noche del sábado 14 de julio, dos mujeres se encontraban entre los 22 viajeros. Este grupo construyó el bote y se alzó a alta mar buscando nuevas oportunidades y escapar de un gobierno, que dicen, no les permite vivir decentemente.
La tripulación partió desde la costa de la provincia de Manzanilla, Cuba, el primero de julio y las acompañantes de los balseros , a pesar de encontrarse en estado de gestación, no pensaron dos veces en abordar y escapar lejos de la tierra que las vio nacer.
Yadira Marisledy Machado (20) y Katyiuska Tamayo Torres (34), con dos meses y un mes de gestación respectivamente, son mujeres valientes, alegres y vivaces, quienes con gusto contaron su experiencia a La Prensa.
Al hablar denotan camaradería y mucho alivio por haber llegado a tierra hondureña. “En ningún momento sentí miedo por ser mujer. Supe que quería salir de Cuba y cuando la oportunidad se presentó, simplemente la tomé”, dice Katyiuska, quien asegura que nunca se había montado en un bote.
Ellas pasaron 13 días a bordo de una embarcación rodeadas por 20 hombres con quienes comparten un sueño: llegar a Estados Unidos.
Aunque sus compañeros sufrieron las amarguras de estar en alta mar, Yadira asegura que en ningún momento padecieron de mareos o náuseas, apesar de sus condiciones. Las valientes mujeres sirvieron de aliento, fuerza y apoyo a los balseros. “Les cantamos canciones, les contábamos historias, les contábamos chistes e incluso, les ayudamos a orar”, recuerda Yadira.
En el día, explica, los hombres se la pasaban ocupados, sacando agua del bote, limpiándolo y revisando constantemente el motor y el resto de la embarcación. Durante las noches, sin embargo, el silencio imperaba entre todos y era allí, cuando ambas se las ingeniaban para crear un ambiente alegre. “Teníamos mucha fe y se las teníamos que transmitir a ellos por que muchos dejaron atrás a sus esposas, sus hijos y demás familiares”, expresaron.
En muchas ocasiones, los hombres se quebraban, lloraban y se entristecían. Ellas por su parte, se mantuvieron firmes, fuertes y perseverantes. “Quizá el estar embarazadas nos dio más fuerzas porque sabíamos que no solo luchábamos por nosotras mismas, sino que también por las vidas que llevamos dentro”, dijo con nostalgia, Katyiuska.
Ricardo Matamoros Pérez (55), uno de los tripulantes, confirma que sin el apoyo emocional de sus compañeras, el viaje habría sido muy difícil. “Gracias a ellas nos mantuvimos con fuerza; son mujeres de gran valentía que no mostraron temor en ningún momento”, expresa con admiración.
La travesía
La tripulación de los 24 balseros fue minuciosamente planeada durante cuatro meses. Tomás Infante, capitán del bote, narra cómo durante ese tiempo recolectaron todas las herramientas y las partes del bote, que luego construyeron en dos meses.
La mayor parte de los hombres en la embarcación se dedicaban a la carpintería en Cuba, así que tenían la experiencia necesaria para construir el bote que los llevaría fuera de la isla.
El primero de julio en horas de la madrugada partieron y luego de dos días en alta mar llegaron a la isla de Gran Caimán, donde no les permitieron bajarse de la embarcación. Allí recibieron apoyo de dos habitantes de la isla que al conocer su situación, les llevaron comida y medicamentos para el resto del viaje.
La hondureña Patty Ebanks y la española Johana Mclaughlin, miembros de una congregación religiosa, fueron las samaritanas que les brindaron una mano de apoyo a los balseros, quienes permanecieron anclados en la isla por dos días, mientras pasaba un mal tiempo. Yusuanis Muñoz, otro de los viajeros, cuenta que gracias a los víveres que recibieron lograron llegar sin dificultad hasta Puerto Cortés.
Dos días después de partir de la isla caimanes, el cardán del motor les falló y se quedaron solo con una vela y la brújula para guiarse pero los fuertes vientos los desviaban una y otra vez.Finalmente, el sábado 14 de julio, a las 11:30 pm, lograron llegar a la comunidad de Travesía, en Puerto Cortés, en tierras hondureñas. Por dos días permanecieron en la jefatura de Policía de Puerto Cortés y después, gracias a la ayuda de un motorista ceibeño, se trasladaron hacia La Ceiba, el lunes 16 de julio.
Desde entonces permanecen en las instalaciones del Cuerpo de Bomberos en el barrio Inglés. Han recibido apoyo de personas que viven cerca, quienes les dan comida y agua.
Por no tener definido su estatus migratorio, los balseros no se mueven de su ubicación y claman porque los visite un agente de Migración. Su objetivo principal es llegar a Estados Unidos donde planean reunirse con parientes que viven allá y conseguir trabajo.
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