Muchos reclusos sobrevivieron al incendio gracias a que Marcos Bonilla les abrió los portones.
Honduras
“Estaba viendo televisión cuando comenzó el incendio y escuché el lamento de los compañeros... me levanté y fue un impulso agarrar las llaves y empezar a abrir las bartolinas. Fue una noche de terror, no es nada fácil lo que sucedió. No nos explicamos.
El primer módulo que yo pude abrir fue el seis... pero salieron pocos. Es difícil, no quiero seguir hablando. En este momento no quiero recordar lo que pasó esa noche, no puedo. Estoy descontrolado de los nervios y no es fácil. Ellos -los presos- me dicen que por mí están vivos, no sé de dónde saqué esa fuerza, supongo que de ver a la gente lo que estaba pasando y agarré ese temple.
Todo fue rápido, cuando menos acordé había fuego. Es complicado recordar esas cosas, aún es muy reciente”.
Marcos Antonio Bonilla Ávila es un reo de unos 50 años que para cientos de presos fue un “ángel”, un héroe. En medio del fuego este enfermero con nervios de acero comenzó a abrir las bartolinas para que sus compañeros escaparan de las despavoridas llamas. No pudo salvarlos a todos, las circunstancias no lo permitieron; sin embargo, sabe que gracias a su actuar, la tragedia en la Granja Penal de Comayagua el pasado martes por la noche no fue mayor.
“Cuando escucho que me dicen que fui un ángel me siento bien, de verdad; bueno, ni también porque hubiera querido salvarlos a todos... no se pudo”, dice con su voz entrecortada en exclusiva para LA PRENSA .
Marcos no quiso profundizar de dónde sacó las llaves. Está claro que no quiere recordar la noche en que 354 presos y una dama perdieron la vida producto de las quemaduras y el humo.
Su labor ahora, dice, es atender a los que están heridos en las instalaciones, que son unos 30, la mayoría con fracturas en los pies. “Se están recuperando. Mis compañeros están bien, ellos... es difícil. Gracias a Dios yo también estoy bien de salud”.
Marcos pide a los familiares que tengan paciencia. “Habrá un momento en que los dejarán entrar”.
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Nuestro ángel
Carlos Rápalo es otro preso coordinador de hogar que lleva 17 años de guardar prisión por el delito de homicidio. Estaba asignado al módulo siete, de donde solo 12 personas pudieron salvarse. Cómo es que está vivo?, se le preguntó: “Gracias al “Chaparro”, él fue nuestro héroe”.
Marcos es conocido cariñosamente en la granja como el “Chaparro” debido a su baja estatura.
“Era muy de noche y me acababa de acostar en mi cama, cuando me di cuenta del fuego, me levanté y corrí a las rejas, las sacudía, las quería tumbar con mucha fuerza, pero no pude.
Fue el Chaparro quien nos abrió las puertas, por él nos salvamos, de ahí fuimos abriendo las demás con ayuda, en algunos módulos, ya fue demasiado tarde”, relató Rápalo para acotar: “El Chaparro fue nuestro ángel”.
Aprendió enfermería
Marcos Bonilla llegó a la granja penal hace 17 años. Fue condenado a 22 años y seis meses de prisión por homicidio, un delito que según su hermana Vilma Bonilla Ávila pudo haber evitado.
Desde que llegó al penal trató de hacer algo útil y se interesó en la enfermería, ayudando a la profesional de la salud asignada a ese lugar.
Fue quizá su interés lo que motivó a las autoridades de la granja a mandarlo años después a Tegucigalpa para estudiar enfermería. “No fue mucho tiempo que se estuvo porque llevaba tres años ayudando a la enfermera del penal, de ella aprendió bastante, hasta a mí me atendía cuando llegaba a visitarlo”, comentó.
El “Chaparro” lleva ocho años en esa labor y no descansa, puesto que desde la noche del siniestro está atendiendo a sus compañeros.
Su hermana dice que puede ser que Marcos trae en la sangre el don del servicio. “Mi mamá fue comadrona, ella inyectaba y eso lo mirábamos en el hogar”. De pequeño siempre acompañaba a su padre Pedro Bonilla en sus labores en el campo. Tiene cuatro hijos, pero no lo visitan.
Su familia, a pesar de ser originaria de San Isidro, Siguatepeque, reside en la aldea El Sauce de Comayagua, en este alejado caserío también vive su padre, a quien espera ver una vez salga de prisión.
“La noche del martes, una hija me llamó como a las once de la noche por teléfono para decirme que el presidio se incendió, no lo podía creer. Encendí la televisión y vi las imágenes. Estaba preocupada, pero en eso vi a mi hermano que estaba auxiliando. Él estaba ayudando a los demás presos a sacarlos, en eso le dije a mi nieto: mirá, ahí está mi hermano y me refresqué la cabeza. Lo vi cargando a sus compañeros y me sentí orgullosa; aunque no dejé de sentir pesar por las demás personas”, relató Vilma, mientras atiende a su padre enfermo de 91 años.
Un hermano de ambos fue a la granja y ahí les dijeron que estaba bien, ya que a Marcos lo ven como un héroe. “No te preocupes, está bien, no lo vi, pero me dijeron que salvó bastantes vidas, porque él encontró las llaves y estuvo quitando candados de la bartolina”.
“Esta mañana -ayer viernes- pude hablar con él y me dijo que estaba curando a los que quedaron en la enfermería. No me quiso contar cómo fue todo porque estaba ocupado, solo estaba interesado en saber cómo estaba su padre, le dije que bien. Lo noté nervioso, con ganas de llorar, él solo quiere ver a mi papá”.
Vilma no sabe cuándo le cumplirá ese deseo al “angel” de los presos de la granja penal, “pronto, espero verlo pronto”.
Lobo reconoce que sí huyeron reos de la granja
El presidente de Honduras, Porfirio Lobo , reconoció ayer que hubo reos “que huyeron” durante el incendio en el que murieron 356 presos en la cárcel de Comayagua, sin precisar cuántos y pese a que el Ministerio de Seguridad y la Policía había afirmado que no hubo fugados, reporta un cable de la agencia AFP difundido anoche.
Además de los muertos, hubo “otros (reos) que huyeron, pero van a ser capturados; es decir, no sé cuántos de los que estaban guardando prisión huyeron, pero tienen que ser capturados”, declaró Lobo en rueda de prensa.
Según las autoridades, en el penal había 852 presos, murieron 356 y los restantes 496 estaban vivos, una decena de ellos en hospitales y el resto en lo que quedó de la prisión. Lobo no aclaró si los fugados figuran en la lista de sobrevivientes o si el número de población del penal sería mayor.
“Yo esperaría el resultado de las investigaciones; en realidad no tengo detalle de quiénes huyeron”, subrayó.
“Es muy arriesgado hacer cualquier tipo de aseveración”, expresó Lobo respecto a las insistentes denuncias de familiares y sobrevivientes de que las autoridades fueron negligentes y dejaron encerrados a los reclusos en el momento del incendio.
“Diría que mejor esperemos el informe, que aparte de ser imparcial es de expertos”, dijo el gobernante. Y señaló que expertos internacionales ya están en Honduras investigando el origen del fuego.
Lobo aseguró que ante el lamentable incidente de Comayagua el Gobierno ordenará “movimientos administrativos rápidos” para revisar las otras 23 cárceles del país y pidió que el Poder Judicial agilice las sentencias porque hay “una mora terrible”. “No se trata de decir (los presos) son delincuentes, son seres humanos, con derecho, y están allí porque la sociedad los condenó a purgar una pena”, argumentó el mandatario. AFP
“Mi hijo sigue preso y tiene carta de libertad”
Comayagua. “Mi hijo tenía carta de libertad para el 11 de febrero, pero por capricho de los jueces no salió. Por lo que estoy diciendo aquí se queda otros años más”, relató molesta doña Emma García Ávila, que se apostó afuera del presidio de esta ciudad mostrando el documento con el que exigió la libertad de su vástago que sobrevivió al incendio.
La anciana de 77 años que vive en Brisas de Suyapa, Comayagua, aseguró que su hijo no tuvo por qué vivir la pesadilla que se produjo el 14 de febrero. “La justicia está con el mejor postor. Mi hijo casi pierde la vida, pero Dios no lo quiso así. Sigue preso y tiene carta de libertad”, decía indignada.
Manuel de Jesús Donaire García tenía carta de libertad para abandonar el reclusorio, pero no salió en la fecha que indicaba el documento emitido por el Juzgado.
“Todavía no lo he visto, pero sé que está vivo. Espero que con la visita que haya mañana lo pueda ver. Ya pregunté con la comisión de Derechos Humanos y los bomberos y me dicen que está vivo”, dice esperanzada.
Él estaba en la celda número 5 y ahí solo murieron cuatro, según el reporte oficial. El joven tenía tres años en el presidio y se le extendió carta de libertad para que saliera el 11 de febrero.
La gobernadora de Comayagua, Paola Castro, al oírla molesta afuera de la prisión, averiguó qué pasó con su hijo y le explicó que él tenía carta de libertad por un juicio anterior, pero tenía pendiente otro.
La señora les dio aliento a otras madres que estaban angustiadas como ella, esperando noticias de sus hijos.
Aseguró que va a continuar llegando a la prisión para reclamar lo que considera el derecho justo de su hijo de recobrar la libertad.
